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masaje a los organos sexuales PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por johnny   


sexualNo confundirse, este masaje no es preámbulo a la relación sexual, sino previo. Prepara a la

mujer para el placer, reconocimiento de su cuerpo y sensibilidades sexuales, y al hombre,

para mirar y explotar la complicidad con su pareja, y por qué no, también el gozo de la

pasividad. Se trata del masaje del Yoni, técnica tántrica que busca la relajación de la

mujer, el despertar de todos los sentidos, pero ojo, que se trata realmente de todos

sentidos sexuales.

El masaje del Yoni, que es el nombre en sánscrito de la vagina y significa Templo Sagrado,

alusión a una experiencia descrita por el Tantra y como tal un ritual sexual destinado a

despertar las energías vitales.

Para aprovechar estas técnicas en su real dimensión, es necesario comprender que se trata de

estar dispuesto a disfrutar por disfrutar, sin pensar en el orgasmo o con un objetivo

específico. Este masaje no pretende el orgasmo, sino el placer del “yoni” (vagina).

Deleitarse con el momento es la consigna.

Las mujeres sentirán y se adueñarán de su cuerpo, tejiendo lazos íntimos con su pareja,

quien disfrutará visualmente de su gozo. Es un acto de entrega y de vinculación pues su

única satisfacción es el placer de ella, dejando atrás cualquier señal de egoísmo.

En el Tantra, es importante no olvidar que la mayoría de las actividades sexuales son

interpretadas y entendidas como rituales, y como cualquier ritual deben llevar su

preparación.

 

El masaje…

Un rito requiere de un ambiente que propicie el contacto íntimo que vendrá. Todo debe

comenzar con un baño entre ambos, sólo con música suave, velas, almohadas, espacio, aromas

agradables. Espacio y tiempo.

Para entrar en materia, los abrazos son la acción de reconocimiento cariñoso por excelencia.

Es el momento de la identificación de los cuerpos y la desinhibición de ambos.

Las almohadas juegan un papel importante. Una debajo de la cabeza de ella, que estará

tendida sobre la cama o superficie plana. Contacto visual entre ambos no puede faltar y

observar sus genitales. Bajo su cadera también se debe poner un cojín. Las piernas deben

estar totalmente separadas y levemente dobladas: los genitales deben estar bien expuestos

para iniciar el masaje.

El hombre, si puede, debe sentarse con las piernas cruzadas, entre las piernas de ella.

Ambos respiran profundamente, acción que acompañará gran parte de esta preparación, no debe

olvidarse respirar profundo ni en los momentos de mayor placer. Él deberá recordárselo si la

excitación hace que ella lo olvide, siempre delicadamente.

Cuando ya esta todo preparado, el rito del masaje no debe iniciarse directamente en los

genitales, comience acariciando otras partes del cuerpo, como las piernas, las ingles, los

pechos, el estómago, de forma de acercarse poco a poco al Templo Sagrado (vagina). Es una

forma gradual para que se acostumbre a las caricias y que el placer aumentará

paulatinamente.

Lo que sigue es ayudar los masajes con aceites o lubricantes (de solución acuosa y

especiales para relaciones sexuales) en la zona del montículo del Yoni o Monte de Venus

(zona púbica). Con esto se logrará llegar a la parte externa de los genitales, es decir los

labios mayores. Desde el “Monte de Venus” hacia abajo con un masaje lento y suave, con poca

presión.

Luego, con el dedo índice y el pulgar, se debe sostener delicadamente el labio mayor o

exterior y apretar suavemente, mientras se desliza los dedos por ambos labios. Provistos de

la misma calma, se debe hacer lo mismo con los labios menores, tomando el tiempo que sea

necesario y desee. Importante es no apurar el ritmo del masaje, a pesar de la tentación al

ver la evidente excitación de la mujer. Si esto es muy fuerte, se debe ir más lento o

descansar un segundo para retomar la ruta.

Mientras, la mujer, sujeto de este placer, puede también, si quiere, acariciar sus propios

pechos o simplemente dejarse llevar por lo que le está ocurriendo, no olvidando la

respiración siempre profunda e intentar intercambiar miradas lo más frecuentemente posible

con el hombre, ojalá sin conversar, potenciando la complicidad de ambos.

Las palabritas sensuales, incluso las que indiquen las caricias que más gusten, son

bienvenidas, todo en función de la sintonía del momento.

Y llegó el momento del clítoris, con la misma delicadeza se acaricia el clítoris, pero en

forma circular, primero en el sentido del puntero del reloj y luego en sentido inverso. El

índice y el pulgar lo presionan suavemente.

Es evidente que en este momento la excitación de la mujer puede aumentar al punto de llegar

al orgasmo. Punto clave para tranquilizarse y retomar la respiración profunda que no debe

olvidarse nunca.

A continuación, con mucho cuidado, se introduce el dedo del centro de la mano derecha

(medio) en el Yoni (vagina). No es casual que se indique la mano derecha, para el Tantra,

este ritual es de estimulación y conocimiento, pero por sobre todo es el despertar

energético del cuerpo, por lo tanto es preciso ocupar la mano derecha para cuidar la

polaridad enérgica.

Con este dedo dentro del “Yoni” se explora, cambiando de velocidad, de presión y de

dirección. La palma de la mano debe estar en dirección hacía arriba y presionando levemente

en el mismo sentido y moviendo el dedo que está adentro hacia la palma. El dedo alcanzará el

punto G (punto sagrado en el Tantra), aumentando aún más el placer. No sólo puede

introducirse el dedo medio de la mano derecha, sino también el anular y con el pulgar

estimular suavemente el clítoris.

 

¿Está preparada para pasar al siguiente nivel?

Si está dispuesta, aún queda masaje. En este nivel se profundiza la estimulación

introduciendo el dedo meñique de la mano derecha en el ano con ayuda de un lubricante. Por

cierto, una vez hecho esto no se debe introducir nuevamente en la vagina.

Para el Tantra, esta postura es muy importante, equivale a sostener los misterios del

universo en la mano.

La mano izquierda puede estimular el clítoris o los pechos de la mujer. Eso sí, se debe

tener cuidado o no es recomendable que el hombre se toque a sí mismo, pues desviará la

concentración de ella, que es la receptora de este masaje.

Es importante que los dos mantengan siempre la respiración profunda, se vean a los ojos, y

estén dispuestos a disfrutar el momento. Esta comunicación es vital para asegurarse que se

está disfrutando, de lo contrario no hay objetivo que valga.

A pesar de que se recomienda no llegar al orgasmo, convengamos que con este tipo de

estimulación es difícil no alcanzar uno o varios. En caso de no poder evitarlo, hay que

esperar el retorno de la calma, recuperar el ritmo de la respiración y retomar el masaje si

así lo desea. Es bastante probable que gracias a las prácticas tántricas se desarrolle la

capacidad multiorgásmica.

 

Basta ya!

Harta de placer, puede detenerse cuando quiera y el hombre, acatar sin más, pero con

suavidad. Es hora de disfrutar la intimidada y complicidad alcanzada, abrazarse y descansar

muy cerca. Después de este masaje, notará más unión en la pareja.

Los hombres no zozobren que también hay masaje para ellos.

 

 
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